“Why do you go away? So that you can come back. So that you can see the place you came from with new eyes and extra colors.
And the people there see you differently, too. Coming back to where you started is not the same as never leaving.”

Singapore Skyline

Singapore Skyline
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sábado, 4 de junio de 2016

To women


"Cuando Salinas le habla a una mujer, le está hablando a todo lo que ella le da a ver, a todo lo que nace a partir de ella por el solo hecho de ceder o negarse a su pasion. Catulo y Dylan Thomas y Cesare Pavese y Paul Eluard lo supieron mejor que los dómines de turno; ojalá también ustedes, lectores de esta poesía, hombres de un tiempo que ha roto por fin tantos tabúes idiotas, tantos géneros y casillas y altos y bajos y blancos y negros. Alguna noche de vino y de hierbas fumables, con The Soft Machine o John Coltrane afelpando el aire de reconciliación y contacto, lean en voz alta los poemas de Salinas, dibujen en un tono cegado por la tinta de imprenta ese árbol de poesía que Rilke sintió en el canto de Orfeo. No sé la mejor manera de pagar una larga deuda y recibir a la vez mucho más, infinitamente mucho más de lo que damos."

Julio Cortázar
Paris, 1970


Sublime introducción de Cortázar, digna entrada que "met en bouche" su selección de poemas de Salinas.

De Madrid a París y ahora hasta Singapour ha viajado conmigo ese libro. Ligero vademécum cargado de sentimientos.

Qué diría Salinas de todos los rascacielos iluminados y retroalimentados, de todas las mujeres y hombres que se pasean indolentes en este eterno verano. Con prisa, veloces por el cálido asfalto. Pasos entrecruzados, miradas ausentes, ese vacío desbordado de gente inherente a toda gran ciudad.

La urgencia de las horas, minutos y segundos. Esa que él definía como "prisa, apetito de las lejanías". Puede que Salinas se parara sobre las escaleras de Boat Quay o en los bancos de la bahía que dan al skyline a contemplar el desfile de personas urgentes, el va y viene de coches y gente, las luces de neón de los locales o los incesantes faros de coches bajo las múltiples luces de una de tantas noches sin estrellas.



La semana de abril
de pronto se sintió
una ausencia en el pecho:
jueves, su corazón.
Sí, robamos el jueves.
Ella y yo, silenciosos,
de la mano, los dos.
Le robamos con todo.
Con los circos redondos,
y sus volatineras
tiernas, conceptuosas
doncellas de los saltos.
Con las cajas de lápices,
rojos, azules, verdes,
y blancos, blancos, blancos,
blancos, para escribir
en las diez de la noche
de los cielos más negros
cartas a las auroras.
Con las tiendas sin nadie:
se vendían paisajes,
héroes, teorías,
arpas. Y todo a cambio
de arena de la playa.
De arena tan hermosa
que al mirarla
no se compraba nada
por no dejarla allí
color de carne intacta,
entre plata, entre cobre.
Con todo, sí, con todo.
Con escuelas de adioses
a las sombras y al beso.
Al salir se creían
los cuerpos y los labios
que nunca estaban solos.
Sí, con todo y sin fin.
Delicia de ser cómplices
en delicias, los dos.
Y en el borde del miércoles
ver quedarse parados
almanaques atónitos
—no podían seguir—
mientras tú y yo secretos,
ya más allá del cielo,
del tiempo, de los números,
vivíamos el jueves.

Pedro Salinas






sábado, 5 de marzo de 2016

Singapore beaches




Parece que si hay playa en esta jungla de asfalto. Playa que, sin ser paradisíaca como alguna isla del archipiélago de Komodo o Filipinas, por poner algún ejemplo, es un poco más auténtica (aunque no excesivamente) que la lujosa y pluriempleada (centros comerciales, restaurantes, bares, parque de atracciones, campo de golf, etc) isla artificial de Sentosa.



Incomunicada por tierra, solo accesible por barco, carece de cafés, tiendas y cualquier otro tipo de mundana distracción. Una grata sorpresa, viniendo de Singapour.



Zarpar de Marina South Pier hasta la primera parada, Saint-John island, de nombre malayo Pulau Sakijang Bendera. Hace 100 años albergaba una estación de cuarentena del cólera para los numerosos inmigrantes y pelegrinos de la meca que hacían escala en Singapur. 
Más tarde una colonia penal y después un centro de rehabilitación para drogadictos. Ahora, sin embargo, no es más que un simple vergel de pinos, cocoteros y manglares, con sencillas mesas y sillas de picnic distribuidas de forma pulcra y discreta por toda la isla y una limpia bahía donde bañarse y que esconde entre palmeras un horizonte poblado de barcos mercantes.





En el camino de vuelta, parada en la diminuta isla de Kusu, cuyo nombre significa tortuga en chino y que cuenta tan solo con un gran parque y un tempo en toda su superficie. Cuenta la leyenda que una tortuga con poderes mágicos se convirtió en isla para salvar a un marinero malayo y un marinero chino que habían naufragado.
Su templo chino está dedicado a los dioses Da Bo Gong (prosperidad, salud y guardián del mar en calma) y Gyan Yin conocida como la "dadora de hijos".

En resumen, dos palmeras a la sombra a la distancia perfecta, brisa marina suave y refrescante, ligero rumor de olas deslizándose por la orilla y dejarse mecer por la inercia del balanceo entre las páginas de un buen libro. 



Si el tiempo pone a cada uno en su lugar, a mí que me ponga en una hamaca junto al mar y con un buen libro entre manos.


martes, 10 de marzo de 2015

Urban jungle



En pleno centro de Singapur, desde City Hall a Outram Park, rascacielos, lujosos hoteles, condominios y HDBs, templos budistas y foodcourts alternan sus muros de cemento y cristal con frondosos árboles que apaciguan el ardor del asfalto.

Árboles que parecen centenarios, 
árboles que se han preservado a la hora de remodelar la ciudad, pequeños pulmones que han subsistido a la implacable conquista del hombre.

Budha Tooth Relic Temple
Maxwel foodcourt
Neil Road

Bain Street


I think that I shall never see
 A poem lovely as a tree.

A tree whose hungry mouth is prest
 Against the sweet earth’s flowing breast;

 A tree that looks at God all day,
And lifts her leafy arms to pray;

 A tree that may in summer wear
 A nest of robins in her hair;

 Upon whose bosom snow has lain;
 Who intimately lives with rain.

 Poems are made by fools like me,
 But only God can make a tree.



martes, 17 de febrero de 2015

Happy Goat Chinese New Year!


Resulta raro que, recién llegada, te anuncien que el próximo miércoles es el equivalente al 31 de diciembre occidental, lo que a su vez suponen dos días de vacaciones para la nochevieja china del 16 y el día de año nuevo del 17 de febrero, perfectos para descubrir la ciudad.



El año nuevo chino cae en el día de la luna nueva más próximo al día equidistante entre el solsticio de invierno (冬至,Dōng zhì, entre el 21 y el 23 de diciembre) y el equinoccio de primavera (春分,Chūn fēn, entre el 20 y el 21 de marzo) del hemisferio norte
Así pues, la fecha exacta varía cada año, pues corresponde a dicha luna nueva más cercana al lichun (立春, lìchūn, que significa "comienzo de la primavera").
Y el rojo ha inundado la ciudad. Color que ahuyenta a los Nian, (esas bestias marinas que parecen dragones - serpiente) y es a su vez un buen augurio de prosperidad. Peces rojos y dorados presiden las entradas de las casas, pues el carácter pez, yu 鱼 , es homófono del carácter chino que representa abundancia. 




Creo que ya no es necesario precisar más que, en estas latitudes, la felicidad que trae el nuevo año se traduce en prosperidad o riqueza, y este año la trae la cabra. Y efigies de cabras rojas se alzan en cada esquina, peluches de cabra, rojos, se venden por doquier y dibujos de cabras, rojos, rodeadas de monedas, doradas, se han dejado ver en carteles, posters y anuncios publicitarios. 

Rojo y dorado embriagan los sentidos. Solo el azul (y blanco nuboso) del cielo pueden apaciguar la vista.

Y dicha cabra será recibida con la pomposidad que se merece. Todo barrio (en especial chino) que se precie contará con dicha alegoría y la ciudad de las luces iluminará aún con más fervor sus fuentes y los fuegos artificiales corroborán este Goat Year!



lunes, 16 de febrero de 2015

Fist week, first impressions!



Dir
ía que todo y nada ha cambiado. Supongo que una semana no es mucho para medir los efectos de un cambio de continente. De gran ciudad a ciudad-estado. 



Singapur tiene unos 5,5 millones de habitantes y su superficie es aproximadamente la mitad que la de Île-de-France. 

Unos millones de personas que por el momento no parecen tantos, y sorprendentemente el metro en hora punta es mucho más humano y relajado que París (admito que eso tampoco es muy difícil de conseguir).


Los enormes rascacielos que se alzan imperiosos hacia el firmamento contrastan con las pequeñas casas de colores de estilo colonial que se encuentran repartidas por toda la ciudad, especialmente por la zona de Tanjong Pagar y Arab Street.

Todo tipo de templos se incrustan en la ciudad, marcando bien la tradición y el pasado en medio de un futuro que aquí, en Singapur, crece a un ritmo trepidante.


Mientras recorría la ciudad (y la web) buscando pisos, me topé con la National Library, la cual no escatima esfuerzos en organizar cursos y eventos de todo tipo; desde talleres para curtir el cuero, para aprender a tocar el djembé y, perfect timing! también para aprender a utilizar una cámara de lomography, cuyo potencial ha permanecido latente en mi poder... hasta ahora.

Y como toda urbe bullente de actividad, la vida nocturna no es ninguna actividad desdeñable. Además de los clásicos rooftops, mi bienvenida a la ciudad fue una serie de conciertos "underground" en el segundo piso de un bloque de edificios cerca de Henderson road.


Mención especial al grupo Lazy Habits, por su energía, su talento y por saber ganarse a la sala a la primera canción, Event Out.


Si algo ha cambiado, y mucho, es el clima. Sol y calor tolerable, y sobre todo agradable, en el exterior; fresco aire acondicionado en el interior, sin duda lo opuesto a París y a Europa en general en estos momentos! 

Pero, sobre todo, disfrutar del verano en febrero, para qué nos vamos a engañar, tiene su encanto :)




martes, 10 de febrero de 2015

Finally!


Finalemente es la palabra que se me vino a la cabeza cuando por fin aterricé aquí. Y es que no es un secreto que llevo buscando una aventura asiática desde hace ya más de un año...

Porque como buen passenger, necesitaba cargarse las pilas de un poco de adrenalina, del reto de trasladar la rutina a un lejano continente.

Y así salir de París un domingo por la mañana y despertar un lunes de madrugada en Asia. Entre pagodas, casas de colores estilo colonial y rascacielos.


Un vuelo reconfortante tras el frenesí de las últimas semanas en París. No sé si fue la siesta de seis o siete horas o el hecho de aterrizar en el verano, pues a las 11 am ya estaba en la oficina saludando, abriendo el correo y descubriendo lo que me esperaba.

Una mezcla de colores entre lo moderno y lo antiguo, aunando culturas y religiones, razas y costumbres en una sola ciudad.



Y así despertarme cada mañana, caminando hacia el nuevo bureau, con los pajarillos habitantes entre las pequeñas casas de colores de Duxton Hill, cerca y lejos al mismo tiempo del mundanal ruido de avenidas y rascacielos.

“Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal”.