“Why do you go away? So that you can come back. So that you can see the place you came from with new eyes and extra colors.
And the people there see you differently, too. Coming back to where you started is not the same as never leaving.”

Singapore Skyline

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domingo, 30 de octubre de 2016

I have a need for your voice


At the outpouring of your voice, its gentleness





Miguel Hernández


Mi poeta preferido en mi ya tercera lengua, no sé si es la belleza intrínseca de sus versos, pues así como en español su armonía es sublime, la verdad es que al escucharlo resonar en mi cabeza en inglés debo confesar que parte de su belleza se conserva intacta.

Será que la poesía es el lenguaje oculto del alma, que todos hablamos sin saberlo y que a veces utilizamos sin quererlo. Los versos son un mero medio de transporte de los sentimientos, la lengua nos hace vibrar con ellos y nos convierte en cómplices con su irremisible cadencia.


I have a need for your voice,





MH (30 Octubre 1910 - 28 Marzo 1942)







jueves, 7 de julio de 2016

Inebriate!



Il faut être toujours ivre.

Tout est là:

c'est l'unique question.

Pour ne pas sentir

l'horrible fardeau du Temps

qui brise vos épaules

et vous penche vers la terre,
il faut vous enivrer sans trêve.
Mais de quoi?
De vin, de poésie, ou de vertu, à votre guise.
Mais enivrez-vous.
Et si quelquefois,
sur les marches d'un palais,
sur l'herbe verte d'un fossé,
dans la solitude morne de votre chambre,
vous vous réveillez,
l'ivresse déjà diminuée ou disparue,
demandez au vent,
à la vague,
à l'étoile,
à l'oiseau,
à l'horloge,
à tout ce qui fuit,
à tout ce qui gémit,
à tout ce qui roule,
à tout ce qui chante,
à tout ce qui parle,
demandez quelle heure il est;
et le vent, 
la vague, 
l'étoile, 
l'oiseau, 
l'horloge,
vous répondront:
"Il est l'heure de s'enivrer!
Pour n'être pas les esclaves martyrisés du Temps,
enivrez-vous;
enivrez-vous sans cesse!
De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise."

Baudelaire


Yo aún diría más.
Embriagarse de palabras, de atardeceres en la playa, de risas, de amaneceres, de planes imposibles, del batir de las olas en las rocas, de irreductible pasión, de collares infinitos, de saltos, de paseos sin rumbo, de notas de colores, de viajes errantes, de miradas profundas, de esperanza, de horizontes infinitos, de arte, cualquier arte, del azul del océano, del aroma de las flores del frangipani al caer la noche, de melodías adictivas, de bailes bajo la lluvia, de conversaciones al alba, de todas las formas de las nubes en el cielo.

Embriagarse hasta doblegar el tiempo a nuestra indómita esencia y sueños.





martes, 21 de junio de 2016

Eternal sunshine of the spotless mind




How happy is the blameless vestal’s lot!

The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d.

Such if there be, who love so long, so well,
Let him our sad, our tender story tell;
The well-sung woes will soothe my pensive ghost;
He best can paint them who can feel them most.


Alexander Pope


Quién de nosotros no ha pensado alguna vez en borrar recuerdos, anular acciones y deshechar pensamientos. Poder hacer realidad esos "no tendría que haber..." o "debería de haber...". Un rebobinado de los hechos para arreglarlos, la repetición de un ensayo que no salió bien.

Kundera decía bien que la vida no es más que un boceto, una obra que no puede retocarse y a la que jamás podremos darle el toque final. No lo decía con amargura, sino con romántico raciocinio, con la certeza de que hay cosas que deben aceptarse con una sonrisa.

Además, renegar del pasado solo nos induciría a repetir los postergados errores en el presente. Hay algunos patrones que, para bien o para mal, no pueden esquivarse. Aunque siempre tenemos elección y no hay determinismo que pueda excusar nuestros actos, cuando nos guía el corazón es difícil pensar con claridad. Estoy segura de que tú también, espontáneo lector, has sentido ese dilema de nostalgia y remordimiento del pasado para al final acabar suspirando un "y, sin embargo, lo volvería a hacer".

Aceptar lo que fue y lo que no pudo ser, y mirar hacia delante con coraje es todo un arte; y como todo arte, requiere esfuerzo y perseverancia, y puede que incluso no llegue a perfeccionarse nunca. Pero al menos lo habremos intentado, lo habremos vivido y eso, vivir y sentir lo que nos ha tocado, eso es, al fin y al cabo, todo lo que debería importarnos.



sábado, 4 de junio de 2016

To women


"Cuando Salinas le habla a una mujer, le está hablando a todo lo que ella le da a ver, a todo lo que nace a partir de ella por el solo hecho de ceder o negarse a su pasion. Catulo y Dylan Thomas y Cesare Pavese y Paul Eluard lo supieron mejor que los dómines de turno; ojalá también ustedes, lectores de esta poesía, hombres de un tiempo que ha roto por fin tantos tabúes idiotas, tantos géneros y casillas y altos y bajos y blancos y negros. Alguna noche de vino y de hierbas fumables, con The Soft Machine o John Coltrane afelpando el aire de reconciliación y contacto, lean en voz alta los poemas de Salinas, dibujen en un tono cegado por la tinta de imprenta ese árbol de poesía que Rilke sintió en el canto de Orfeo. No sé la mejor manera de pagar una larga deuda y recibir a la vez mucho más, infinitamente mucho más de lo que damos."

Julio Cortázar
Paris, 1970


Sublime introducción de Cortázar, digna entrada que "met en bouche" su selección de poemas de Salinas.

De Madrid a París y ahora hasta Singapour ha viajado conmigo ese libro. Ligero vademécum cargado de sentimientos.

Qué diría Salinas de todos los rascacielos iluminados y retroalimentados, de todas las mujeres y hombres que se pasean indolentes en este eterno verano. Con prisa, veloces por el cálido asfalto. Pasos entrecruzados, miradas ausentes, ese vacío desbordado de gente inherente a toda gran ciudad.

La urgencia de las horas, minutos y segundos. Esa que él definía como "prisa, apetito de las lejanías". Puede que Salinas se parara sobre las escaleras de Boat Quay o en los bancos de la bahía que dan al skyline a contemplar el desfile de personas urgentes, el va y viene de coches y gente, las luces de neón de los locales o los incesantes faros de coches bajo las múltiples luces de una de tantas noches sin estrellas.



La semana de abril
de pronto se sintió
una ausencia en el pecho:
jueves, su corazón.
Sí, robamos el jueves.
Ella y yo, silenciosos,
de la mano, los dos.
Le robamos con todo.
Con los circos redondos,
y sus volatineras
tiernas, conceptuosas
doncellas de los saltos.
Con las cajas de lápices,
rojos, azules, verdes,
y blancos, blancos, blancos,
blancos, para escribir
en las diez de la noche
de los cielos más negros
cartas a las auroras.
Con las tiendas sin nadie:
se vendían paisajes,
héroes, teorías,
arpas. Y todo a cambio
de arena de la playa.
De arena tan hermosa
que al mirarla
no se compraba nada
por no dejarla allí
color de carne intacta,
entre plata, entre cobre.
Con todo, sí, con todo.
Con escuelas de adioses
a las sombras y al beso.
Al salir se creían
los cuerpos y los labios
que nunca estaban solos.
Sí, con todo y sin fin.
Delicia de ser cómplices
en delicias, los dos.
Y en el borde del miércoles
ver quedarse parados
almanaques atónitos
—no podían seguir—
mientras tú y yo secretos,
ya más allá del cielo,
del tiempo, de los números,
vivíamos el jueves.

Pedro Salinas






lunes, 16 de mayo de 2016

One chord out of the two strings




"How shall I hold my soul so it does not
touch on yours. How shall I lift it
over you to other things?
Ah, willingly I’d store it away 
with some lost thing in the dark, 
in some strange still place, that 
does not tremble when your depths tremble. 
But all that touches us, you and me, 
takes us, together, like the stroke of a bow, 
that draws one chord out of the two strings. 
On what instrument are we strung? 
And what artist has us in their hand? 
O sweet song." 

Rilke

El sonido de la armonía de dos almas entrelazadas, no hay canción más dulce ni notas más anheladas. Todos tenemos un corazón que late, libre, que a veces se desacompasa y se desajusta, pero nunca se para... en fin, nunca pensamos que vaya a pararse. Es más, tendemos a olvidar que llegará ese momento de frío y desamparado silencio, sobre todo ahora que el corazón se desboca en el pecho.

La cuerda del instrumento, la arteria que tensa el arco que dispara la vida entre las venas. La levedad del bombeo cuando se sabe que el tiro ha sido certero. La melodía se expande y el alma vibra, resuena y amplifica cada nota, la contrae en su membrana, la inspira y la devuelve al aire que la transporta allende los mares, donde nadie puede tocarla, y, sin embargo, se tocan.

Nada se sabe del artista, del músico que suavizó las aristas y esbozó desde la nada los acordes de una sonrisa. Pudo ser capricho del destino, o del mismo universo que tras la gran explosión y la consecuente expansión del espacio se empeña en atraer esos pedacitos de materia que se perdieron en el cielo. Algún cielo.

Ah, la dulce canción de unos versos venidos desde Bohemia hasta Asia a través del tiempo.